La evaluación es un proceso que permite detectar falencias y fortalezas que se tienen en cuanto a la evolución de los estudiantes frente a determinados saberes. El Ministerio de Educación Nacional asume la evaluación como “elemento regulador de la prestación del servicio educativo permite valorar el avance y los resultados del proceso a partir de evidencias que garanticen una educación pertinente, significativa para el estudiante y relevante para la sociedad” (MEN, febrero 2016).
En este sentido, se permite replantear los conceptos o saberes previos que se tiene acerca de este importante elemento en el proceso de la construcción de los saberes, llegando al punto, de hacer un cambio conceptual y actitudinal a la hora de llevar a cabo la práctica evaluativa, dado que se asume la evaluación como una oportunidad de mejoramiento tanto en los estudiantes como en el ejercicio del rol del docente, permitiendo reflexionar acerca del acontecer pedagógico, diseñar acciones de superación y sostenimiento que favorezcan los resultados del acto educativo.
La evaluación debe concebir una Interacción con los compañeros y el moderador, permitiendo un acercamiento no solo al conocimiento, sino a la forma de transmitirlo. La experiencia que he vivido desde la educación, me ha permitido crear un proceso de transformación en mi enseñanza y aprendizaje, “quien enseña aprende o retroalimenta su aprendizaje” es así como a través de mi propia formación, he empleado la evaluación. San Luis Montenegro, Municipio de Yolombó Antioquia, Institución Educativa Rural la Floresta, es un contexto rural donde trabajé y fue muy significativo debido a la población a atender, contaba con 21 estudiantes entre los 5 y 12 años, aplicando el modelo de Escuela Nueva donde los estudiantes son autónomos y aprenden a su ritmo. Sin embargo, este proceso no es bien aprovechado dentro de las escuelas rurales, debido a que los maestros solo se dedican a recomendar el trabajo de las guías y solo se transcribe, se pierde el sentido de la interacción entre docente y estudiante.
Particularmente, asumí este modelo como corresponde y fue una experiencia enriquecedora para mí y los estudiantes, se hacía mediante retos de aprendizaje y se complementaba el trabajo con videos, dinámicas, trabajos en grupo y familia, además de esto, se evidenciaba un acercamiento con la lectura y permitía que cuando se debía realizar una evaluación tradicional, tuvieran conocimiento puntual de la temática. Lo que más funcionó en el tema de aprendizaje, fue las exposiciones de trabajos, las representaciones artísticas y las actividades en campo, donde se asumía unos compromisos colectivos haciendo énfasis en la autoevaluación y la coevaluación. Esto permitió un aprendizaje significativo y gradual.
REFLEXIÓN
La evaluación se convierte, en muchas ocasiones, en el puente o vínculo principal entre la enseñanza y el aprendizaje. Al hablar sobre evaluación estudiantil, se está hablando al mismo tiempo de una serie de aspectos que van más allá de unos resultados cuantitativos mediante los cuales se pretende determinar “que tanto han aprendido” los estudiantes.
Como lo plantea Stufflebeam: “el propósito más importante de la evaluación no es demostrar sino perfeccionar” (citado por Casanova, 1999). La evaluación entendida de esta manera debe cumplir, según lo afirma Salinas (2001), con la función pedagógica de acompañar, orientar, proponer y ofrecer la participación, la comprensión y la mejora para decidir y actuar sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje. La evaluación, entendida con carácter formativo, busca determinar el grado de adquisición de los conocimientos, habilidades y valores de los estudiantes para auto-gestionar su proceso de formación (Álvarez de Zayas, 2002).
Concluyendo, la evaluación es entendida como una serie de acciones continuas que los docentes realizan de manera cotidiana en el aula para indagar sobre el nivel de formación que han alcanzado sus estudiantes, no puede reducirse solamente a los resultados arrojados por los exámenes que son, en última instancia, una simplificación de la evaluación. Estos resultados, si bien son importantes para conocer el grado de adquisición de ciertos conocimientos y habilidades, constituyen sólo uno de los elementos que forman parte de la evaluación en sentido más amplio. De esta forma, los resultados de los exámenes deben convertirse en un punto de partida para que docentes, coordinadores y directores reflexionen en torno a las prácticas evaluativas y a las prácticas de enseñanza, de tal forma que aquello que se hace en el aula sea significativo y promueva al mismo tiempo actitudes de compromiso, interés y responsabilidad en los estudiantes, que conllevarán a un aprendizaje significativo y de largo plazo.
Grupo de flauta de la escuela
Manejo de residuos solidos mediante manualidad
Encuentro Artístico y formativo
